jueves, 6 de octubre de 2011




Todo el amor sin fronteras en el aire. Sugerir ideas sobre gustos en tu cabeza y en tu pelo es, y como con efecto, hace que hoy el sol se ponga al mediodía. Todo lo cambia el rumbo, que suele caer en dirección sur sobre tus pies, ese soy yo. Y con eso somos destapados en la imagen, volcánicos y acrobáticos, con solo atreverse a los besos más sanos, sabemos que protegen el bosque y la calma tropical del pantanal. El calor compagina mis deseos y suenan las primeras chicharras, pegoteando sus alas, desplazándonos, surcando el río como reptiles atravesados de sabores. Empapados en besos, llamados por los colores del cause de los ríos, de cada partícula en primavera ascendiente, sin miedos; somos el caudal, el lecho y el sedimento. Donde sugestiona el amor, lo imaginable, suena real. El sentido se expresa único, circular, e indiscutible. Comer insectos cremosos, con el capcioso y amistoso perfume natural a la hora de cenar. Tras el suspiro, la proyección de trepar a los árboles más altos. Animarse, y subirse a la copa ajustando el olfato, bajo cielos derramados en lunas alteradas, y el eco latente del roce vegetal.

miércoles, 10 de agosto de 2011


Encargado de contar lo mas importante en la vida. Así sería, un rayo de luz si fuera de conocimiento publico. Leyenda de noticias, la enseñanza pura y placentera de un cuento condensando en el final. Filosofía natural y milenaria. El amor.

Rojo contra la envidia y rojo para la suerte a puertas cerradas. El sol encandila las lilas, y nos obliga a caminar de la mano repetidas veces hasta lograr imposible mirarlas una por una. Intermitentemente se abre el césped, al igual que mis ojos, embiste a la distancia un viento estático en la penumbra de lo extraño.

Invencibles elecciones dieron lugar y, dejaron pasar el tempestuoso temperamento bestial, creando de nosotros añicos, sinvergüenzas iluminados, agresivos inflamables; individuos paranormales silbando en los restos de la hoguera. Varios de ellos crecieron dentro de mí, desmitificaron la piel, y quien soy. Siendo galardonados de fieros sentimientos, raspando en los durmientes lo metálico de la sensación que vamos mutando la industria del amor.

La fama en forma de maremotos y manchas apresuradas sin criterio hizo que el frió enamorara al más suelto. La nieve íntima, sorprende al conocernos sin más que palabras. Ves la fauna jugando ante la delicia de apicultor. Leo mis palabras escritas en baba, coordinando la mirada al ras del suelo, descifro el sitio del limbo. Salto a enfrentar nuestros torsos de primera, ahogarnos en la oferta del perfume frutal, y la costumbre de yuxtaponernos medicados de sentimientos melodramáticos. Suena el gong al momento de la pelea. El tiempo hipnotizó al diablo, es el comienzo de la euforia. Decapitando el resultado, abre su pubis al sueño recurrente. Siete velas, hormigas en miel de abejas, para que reine la calma en el panal.

miércoles, 15 de junio de 2011


Brutalidad estilizada. Hoy calificamos con la imaginación. La razón sobresaliente al margen. La rítmica libre noctámbula.
Mientras más colores ven mis ojos en el vaso, más tempestuoso se vuelve mi deseo. Me quedo con tu preferido. Resalto tu favorito.
Artemisa, sangre fría, tímida proporcional, frutal y misericordiosa. Protagonista cosmogónica de la fe y la creencia en lo sobrenatural, lo real y el instante afortunado, en que nos conocimos, distanciamos; y resaltamos la devoción del fin en una infusión.
Traspaso con el vamos, hasta a lo que sabe tu paladar, me robaste esas deliciosas vitaminas ricas en minerales, que se pegan a mis paredes y a mis libros. Te quedaste con mi Himalaya, con mi deseo de Kilimanjaro.
Los besos, realzados de sabor. Tus caricias que alimentan mi piel de ilusiones, todo tu componente activo reacciona. Pardo-oscura se vuelve mi mente y lucha con telepatía por tu sonrisa. Para que las propiedades se vuelvan tuyas una vez mas, metabolizaré a tu gusto, fluiré sin parpadeos con estas ganas tiburónicas de morderte.

lunes, 21 de febrero de 2011

jueves, 13 de enero de 2011


Soy el volumen de la música que mas te gusta. Mi forma de quererte es creer en tu sonrisa, y tú en textos, donde caben cosas de cuando no tenías ni veinte.
Siempre me van a tener que salir bien las mentiras, como forma de llevar a cabo logros catastróficos.
La vista es aeróbica y desorbita al arco iris más ilusorio, proyectando la avenida pintada por el atardecer de oro, Lo demás, de bronce. Tan tosco y brillante plumaje que te confundirías al momento de probar la vista, todo sabe a belleza clandestina.
Siempre siento igual, que cuando vuele detenga el tiempo, pausadamente, lo parecido tiende a permitírsenos.
Es bueno que traigas buenas ideas a la mesa y que innoves con tus trucos, y planes imbatibles. Rapiñaste hasta el más mínimo detalle de lo que estaba haciendo y a mis preocupaciones las acariciaste. Teniendo esto tan bonito, tendrás algo, tendré penas.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Mis listas de reproducción

Equivocarme está en mis planes, y permitirme verte en mi diagnostico.
Me volviste a reñir, desmedidamente me volví a colocar. Me despejé, la caridad no me despegó, volví a besarme hasta los ojos.
Mojarme los dedos en lo profundo de este mar es un cálculo intrínseco.
Me convertiré en un “te quiero”, en un “claustrofobia”, en esporádicos “ámame”.
Realmente nos intrigan las burbujas estáticas, y quién nos va a llevar, y a donde. Si soplo más fuerte, si grito más fuerte, para que besaras, así, más fuerte… se acabaría toda esta empresa.
Sigo mandando señales equívocas por toda la sala. Acá esta tu locura, es tuya, para vos, para disfrutarla con ganas; este baile, y esta música, ya la bailamos. Sigamos.
Nos aburrimos a niveles estadísticos y nos divertimos llenos de humo.
Te cabe lo adorable y convaleciente que sos en este tipo de ideas. Te invito a seguir.
Por poco nos tropezamos y casi nos preguntamos uno del otro. Suena rototón, los cencerros y la campana, entra el acordeón multiplicado. Apareció un sombrero de yute en mi cabeza y en mi alma.
Me doy cuenta que estoy rosqueado, aún así nos emborrachamos y no nos importa nada durante varios fraseos. Sabiendo prácticamente nada del tema, descansamos en la tónica y lo hacemos continuar, suena esa canción en nuestras miradas.
La función se da cuando convertimos esas miradas en ocasiones, porque así sonaría, sabroso y con alegría.

jueves, 18 de noviembre de 2010

en Lo de Charly


No eran verdaderas historias de terror las que oía, mientras fundía su mentalidad en ese rincón de mamá, así que decidió salir a caminar por la celulitis de la calle.
Saltó entre el asfalto y la acera, esquivó el charco, buscando quedarse perplejo en las esquinas y sobrevivir.
Cada encuentro era solo acción violenta con falsa adrenalina, y en segundos, encontronazos fuertes sin más que pasos ficticios.
Como si la lluvia no diera lugar a monstruos y demonios, emprendió la vuelta.
Casi se inspira y se desbloquea, pero como pensaba que los monstruos siniestros esperan el colectivo y Mefistófeles, les proporciona cocaína…
Cuando no prendió más cigarrillos su encendedor, se encendieron las luces de la calle y dio vuelta la esquina un repulsivo olor a putrefacción que le hizo taparse la cara y caminar un par de calles mas, hasta la otra parada.
Siguió cuadras acompañando a un perro que husmeaba sin detenerse al ras el suelo, Sin.
El pestilente olor retumbaba en su tabique y le cerró el estomago, sacó un calculo de horas, y con seguridad sabía que no quería volver a tener que cenar en el trabajo.
El paso coordinó con el perro y los ladridos se repetían entre él y la esquina que se aproximaba.
Solo pensó en lo estratégico de ese local abierto las veinticuatro horas, y al ver el momento oportuno para dejar de mojarse; tomó asiento en la barra, se pidió una Quilmes y un sándwich de vacío con papas fritas. La atención: una empanadita frita de carne.
El perro pasó por las banquetas y trajo su hocico hasta sus rodillas, así, un par de veces. No gimoteó, se sentó, y paró las orejas.
Entre dos sorbos de birra pidió fuego a unos tipos satisfechos que se escarbaban los dientes. Notó cierta despreocupación por parte del perro en la parrilla y lo bautizó Sin, (sin hambre).
Al servirle el primer bocado, en plato de aluminio, lo estacaron las miradas del cajero, el asador, el bachero, y los dos taxistas del lado izquierdo de la barra, incitándolo a catar la especialidad de la casa. Apagó el cigarrillo y esquivó su atención al repulgue y las burbujas quebradas de la masa. Haciendo como que miraba la tele, abrió la empanada en dos, dejando caer relleno. Sin, probó.
Su aullido osco de lobisón los dejó perplejos, alguien encontró lo que buscaba.