miércoles, 15 de junio de 2011


Brutalidad estilizada. Hoy calificamos con la imaginación. La razón sobresaliente al margen. La rítmica libre noctámbula.
Mientras más colores ven mis ojos en el vaso, más tempestuoso se vuelve mi deseo. Me quedo con tu preferido. Resalto tu favorito.
Artemisa, sangre fría, tímida proporcional, frutal y misericordiosa. Protagonista cosmogónica de la fe y la creencia en lo sobrenatural, lo real y el instante afortunado, en que nos conocimos, distanciamos; y resaltamos la devoción del fin en una infusión.
Traspaso con el vamos, hasta a lo que sabe tu paladar, me robaste esas deliciosas vitaminas ricas en minerales, que se pegan a mis paredes y a mis libros. Te quedaste con mi Himalaya, con mi deseo de Kilimanjaro.
Los besos, realzados de sabor. Tus caricias que alimentan mi piel de ilusiones, todo tu componente activo reacciona. Pardo-oscura se vuelve mi mente y lucha con telepatía por tu sonrisa. Para que las propiedades se vuelvan tuyas una vez mas, metabolizaré a tu gusto, fluiré sin parpadeos con estas ganas tiburónicas de morderte.

lunes, 21 de febrero de 2011

jueves, 13 de enero de 2011


Soy el volumen de la música que mas te gusta. Mi forma de quererte es creer en tu sonrisa, y tú en textos, donde caben cosas de cuando no tenías ni veinte.
Siempre me van a tener que salir bien las mentiras, como forma de llevar a cabo logros catastróficos.
La vista es aeróbica y desorbita al arco iris más ilusorio, proyectando la avenida pintada por el atardecer de oro, Lo demás, de bronce. Tan tosco y brillante plumaje que te confundirías al momento de probar la vista, todo sabe a belleza clandestina.
Siempre siento igual, que cuando vuele detenga el tiempo, pausadamente, lo parecido tiende a permitírsenos.
Es bueno que traigas buenas ideas a la mesa y que innoves con tus trucos, y planes imbatibles. Rapiñaste hasta el más mínimo detalle de lo que estaba haciendo y a mis preocupaciones las acariciaste. Teniendo esto tan bonito, tendrás algo, tendré penas.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Mis listas de reproducción

Equivocarme está en mis planes, y permitirme verte en mi diagnostico.
Me volviste a reñir, desmedidamente me volví a colocar. Me despejé, la caridad no me despegó, volví a besarme hasta los ojos.
Mojarme los dedos en lo profundo de este mar es un cálculo intrínseco.
Me convertiré en un “te quiero”, en un “claustrofobia”, en esporádicos “ámame”.
Realmente nos intrigan las burbujas estáticas, y quién nos va a llevar, y a donde. Si soplo más fuerte, si grito más fuerte, para que besaras, así, más fuerte… se acabaría toda esta empresa.
Sigo mandando señales equívocas por toda la sala. Acá esta tu locura, es tuya, para vos, para disfrutarla con ganas; este baile, y esta música, ya la bailamos. Sigamos.
Nos aburrimos a niveles estadísticos y nos divertimos llenos de humo.
Te cabe lo adorable y convaleciente que sos en este tipo de ideas. Te invito a seguir.
Por poco nos tropezamos y casi nos preguntamos uno del otro. Suena rototón, los cencerros y la campana, entra el acordeón multiplicado. Apareció un sombrero de yute en mi cabeza y en mi alma.
Me doy cuenta que estoy rosqueado, aún así nos emborrachamos y no nos importa nada durante varios fraseos. Sabiendo prácticamente nada del tema, descansamos en la tónica y lo hacemos continuar, suena esa canción en nuestras miradas.
La función se da cuando convertimos esas miradas en ocasiones, porque así sonaría, sabroso y con alegría.

jueves, 18 de noviembre de 2010

en Lo de Charly


No eran verdaderas historias de terror las que oía, mientras fundía su mentalidad en ese rincón de mamá, así que decidió salir a caminar por la celulitis de la calle.
Saltó entre el asfalto y la acera, esquivó el charco, buscando quedarse perplejo en las esquinas y sobrevivir.
Cada encuentro era solo acción violenta con falsa adrenalina, y en segundos, encontronazos fuertes sin más que pasos ficticios.
Como si la lluvia no diera lugar a monstruos y demonios, emprendió la vuelta.
Casi se inspira y se desbloquea, pero como pensaba que los monstruos siniestros esperan el colectivo y Mefistófeles, les proporciona cocaína…
Cuando no prendió más cigarrillos su encendedor, se encendieron las luces de la calle y dio vuelta la esquina un repulsivo olor a putrefacción que le hizo taparse la cara y caminar un par de calles mas, hasta la otra parada.
Siguió cuadras acompañando a un perro que husmeaba sin detenerse al ras el suelo, Sin.
El pestilente olor retumbaba en su tabique y le cerró el estomago, sacó un calculo de horas, y con seguridad sabía que no quería volver a tener que cenar en el trabajo.
El paso coordinó con el perro y los ladridos se repetían entre él y la esquina que se aproximaba.
Solo pensó en lo estratégico de ese local abierto las veinticuatro horas, y al ver el momento oportuno para dejar de mojarse; tomó asiento en la barra, se pidió una Quilmes y un sándwich de vacío con papas fritas. La atención: una empanadita frita de carne.
El perro pasó por las banquetas y trajo su hocico hasta sus rodillas, así, un par de veces. No gimoteó, se sentó, y paró las orejas.
Entre dos sorbos de birra pidió fuego a unos tipos satisfechos que se escarbaban los dientes. Notó cierta despreocupación por parte del perro en la parrilla y lo bautizó Sin, (sin hambre).
Al servirle el primer bocado, en plato de aluminio, lo estacaron las miradas del cajero, el asador, el bachero, y los dos taxistas del lado izquierdo de la barra, incitándolo a catar la especialidad de la casa. Apagó el cigarrillo y esquivó su atención al repulgue y las burbujas quebradas de la masa. Haciendo como que miraba la tele, abrió la empanada en dos, dejando caer relleno. Sin, probó.
Su aullido osco de lobisón los dejó perplejos, alguien encontró lo que buscaba.

sábado, 30 de octubre de 2010


Una mezcla de sabores vino a mi nariz esta mañana: maíz, leche y azúcar.
Tanto rascarme la cabeza mi pelo formó un sombrero de mil formas, con varios escondites y lleno de anécdotas matadoras.
Hasta que se enteraron todos los piojos al mismo tiempo del agobiante calor a lo largo de este inmenso campo sembrado de girasoles. Comienzan a brincar agrupados haciéndose presentes en mi frente, los veo, y creo parecerme tanto a todos estos pequeños frijoles. Casi creyeron ser mis mascotas, al suministrarles tan buen alimento del paraíso. Por ilusos y condescendientes, caen.
Anoche apoyé mi cabeza en una almohada húmeda de vermiculita, con una siesta boca arriba sin fuertes vientos. Igual saben que su estadía es transitoria, y pronto bien, van a dormir sobre otra almohada.
Casi nos vence el olor a nuevo. Alguien me dijo una vez que teniendo esto en mí cabeza hasta se vería modificada mi alimentación, y a muchas cosas, ya no preparo la ensalada con vinagre, no retoco mis puntas con cremas de enjuague, y abandone las carnes, solo por omisión.
Todo termina pretendiendo cegarnos, con lo mucho que nos encandila el presente. Soy una ninfa que gusta de la sangre, como si fuera miel, sos mi alimento profético.
Mi cuerpo desnudo, inoculado por todo un continente. Busco proteger mi rebaño, que son mis días, mis estaciones, mis años. Y ellos no solo me proporcionan un status quo, son parte del equilibrio de mi eje.
Blancas, como los granos del maíz de la mañana. Atrapadas en el nido, las liendres, su trampa. Hoy sé que no solamente, comprendían mis pensamientos, además eran familias enteras; llenas de lo que bombea el corazón, que coexistían con el sentido de vivir en mi tranquila selva pedicular. Gracias que preferimos seguir exhalando suspiros y enredos que me constan de algo tan natural.

lunes, 25 de octubre de 2010

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